miércoles, 18 de enero de 2017

Un precedente del Diario de Barcelona


Si bien se suele decir que el Diario de Barcelona fue el primer periódico de Barcelona, hubo un precedente de breve duración muy similar al decano de la prensa barcelonesa: el Diario curioso, histórico, erudito y comercial, publico y económico. Fundado en Barcelona, salió por primera vez el 7 de enero de 1762 gracias a un agente de negocios de temperamento periodístico acusado como es Pedro Ángel de Tarazona, el cual quiso atender todos los temas, comprendiendo la más ardiente actualidad ciudadana. Em e primer número el fundador señaló los objetivos en un texto a modo de editorial: “Quien tuviese en su talento una mediana proporción, no dudo que se instruirá, con la lección de este diario, en muchos y variados asuntos que antes le eran desconocidos y extraños, y nos persuadimos hacer un gran servicio al Reino y a la Patria introduciendo al trato y conservación de los sabios a los que ante su misma inacción, cobardía, timidez o falaz método les tenía puesto un general entredicho de las ciencias”.
La impresión fue a cargo de Cristóbal Escuder (otras veces de Carlos Casas y Juan Forns) y la administración por Francisco Feliu y Codina. De tirada local, se encontraba habitualmente a la venta en diversos lugares de la ciudad (especialmente en las barberías) como el Borne, el Regomir, la Boquería y la plazuela de los Peces. En la última página de cada ejemplar indicaba que "Véndese dicho Diario, en casa de Juan Centcnè, Librero, en la Baxada de la Canonge, en la de Simón Bonardèl, baxo el Arco de Palacio; y allí cerca en la misma Plaza de Palacio, en el Café nuevo; en la de Juan Magriña, Librero, junto la Capilla de Marcús; en la de Joseph Alsamora, Librero, baxo el Portal de la Boqueria; y en la Diarista calle dels Tallers, más arriba del Sitja". Admitía anuncios y noticias de publicidad con textos relativamente largos y elaborados, a menudo con razonamientos. Su fundador llegó a tener su propia "oficina de avisos" instalada en el barcelonés Café Nuevo de la plaza de Palacio, donde se recibían avisos de cosas familiares que se querían llevar para poner en el diario. En este caso se trataba de textos pagados, una práctica que se generalizó en el siglo XIX.


En números de cuatro páginas y a una columna, cada edición comenzaba con un breve artículo bajo el epígrafe de Suceso del día, que se trataba más bien de una efeméride de carácter histórico, después sustituido por el Santo del día, ofreciendo una breve semblanza biográfica del mismo. A estas secciones le siguieron otras, con breves artículos y reseñas de carácter divulgativo, literario, histórico, económico, técnico o de entretenimiento, siendo estas composiciones poéticas y satíricas (enigmas, décimas, chistes, etc.).
Los contenidos de carácter comercial y económico, a dos columnas, se redujeron a breves noticias locales, en concreto al movimiento del puerto marítimo barcelonés, y a otras que englobaba bajo el titular Noticias familiares, que no eran otras que las ofertas de empleo doméstico, pérdidas o venta de objetos, etc.
El 1 de junio de 1772 el periódico pasó a llamarse Diario evangélico, histórico-político, doblando su contenido a ocho páginas y constando de dos partes diferenciadas. En la primera y a una columna, incluía artículos de divulgación religiosa, como la vida del santo del día y comentarios sobre el dogma, el evangelio o la liturgia católicas, y de historia de España o de la “romana política”; y en la segunda, a dos columnas y ocupando menor espacio, una sección bajo el epígrafe Artículo comercial, civil y económico, con breves noticias sobre el movimiento del puerto marítimo de Barcelona, y otras sobre ofertas y demandas de empleadas de hogar o de pérdidas de objetos o animales, bajo el epígrafe de Noticias familiares. Tras seis números el periódico recuperó nuevamente su título original con contenidos de carácter erudito, divulgativo y económicos, y menor presencia religiosa, con lo cual tuvo un carácter más laico a diferencia de otras publicaciones de la época.


La cabecera de la publicación estaba acompañada de un grabado con el escudo de la ciudad de Barcelona. El periódico cesó definitivamente el 31 de enero de 1773, pero Pedro Ángel de Tarazona lo continuó publicando como Semanario curioso, erudito, comercial y económico, hasta el año 1775, aumentando así la frecuencia de aparición del periódico del que había obtenido privilegio real para su publicación, hecho que demostró las dificultades económicas de su editor y la escasa acogida que tuvo el diario.

Fotos: bcn.cat/digital, Hemeroteca Digital, Infoenpunto.

lunes, 9 de enero de 2017

ENERO. Primera historieta de "Mortadelo y Filemón"


El 20 de enero de 1958 el joven dibujante Francisco Ibáñez, de tan solo 21 años de edad, publicó la primera historieta de "Mortadelo y Filemón" en el número 1394 de la revista "Pulgarcito", revista infantil editada por Bruguera. Desde entonces ambos personajes se convirtieron en los más famosos de la historia del cómic español. Su origen se remonta a finales de 1957, cuando el director de la editorial Bruguera, Rafael González, pidió a Francisco Ibáñez que crease una pareja de detectives que fueran tontos y que uno de ellos utilizase siempre algún tipo de disfraz. Así fue como presentó cuatro propuestas previa: Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detectivesca; Ocarino y Pernales, agentes especiales; Lentejo y Fideíno, detectives finos y Mortadelo y Filemón, agencia de persecución. Finalmente, ésta última opción fue la ganadora.


Durante los primeros diez años se publicaron en el interior de la revista "Pulgarcito", ocupando generalmente una sola página. A partir de 1969 los dibujos evolucionan y pasan a publicarse historietas largas, con la introducción de nuevos personajes. Desde 1979 y hasta la actualidad continúa el perfeccionamiento de los dibujos y las nuevas historietas introducen temas de actualidad con miras no sólo a un público infantil sino también más adulto, aunque siempre para todos los públicos.
Actualmente se ha traducido a 18 lenguas y las publicaciones tienen mercado por Europa y Latinoamérica, aparte de haber tenido trascendencia incluso a nivel de cultura popular.